Mataban, cobraban y salían de compras al shopping: así operaban los niños sicarios de Rosario
• Ola de violencia narco en Rosario: menores sicarios asesinaron a taxistas, colectiveros y playeros al azar. • El objetivo: sembrar terror y paralizar servicios esenciales. • La ciudad quedó conmocionada y vacía por el miedo. #Rosario #Seguridad



Durante los primeros días de marzo de 2024, la ciudad de Rosario fue escenario de una ola de violencia sin precedentes, atribuida a bandas narco que emplearon menores de edad como sicarios para ejecutar asesinatos al azar. Según la investigación periodística de Germán de los Santos, los crímenes fueron planificados desde cárceles, en represalia por requisas ordenadas por el Ministerio de Seguridad provincial.
El primer ataque ocurrió el 2 de marzo, cuando un grupo armado disparó contra micros que transportaban agentes penitenciarios. Aunque no hubo heridos, el hecho marcó el inicio de una serie de asesinatos que conmocionaron a la ciudad. La noche siguiente, el taxista Héctor Figueroa fue asesinado a quemarropa por un adolescente, en un hecho que no tuvo como móvil el robo. Al día siguiente, otro taxista, Diego Celentano, fue ejecutado bajo un modus operandi similar. Las balas utilizadas en ambos casos provenían de armas policiales, lo que evidenció la connivencia de sectores de la fuerza de seguridad con el narcotráfico.
La escalada continuó con el ataque a un colectivero y, finalmente, el asesinato de Bruno Bussanich, un joven playero de estación de servicio, cuyo crimen fue captado por cámaras de seguridad y difundido masivamente. Los sicarios, de apenas 15 años, recibían pagos de hasta $300.000 por cada asesinato y gastaban el dinero en consumos inmediatos, según reconstruyó la investigación.
El objetivo de los narcos era claro: sembrar terror, paralizar servicios esenciales y desafiar al gobierno provincial. Como consecuencia, gremios de taxistas y colectiveros decretaron paros, mientras la sociedad rosarina evitaba salir de sus casas por miedo a ser víctimas de la violencia. El caso reavivó el debate sobre la inimputabilidad de menores y la penetración del narcotráfico en instituciones estatales.
La respuesta oficial incluyó operativos de seguridad y promesas de reformas, pero el impacto social y político de los hechos aún persiste. Rosario quedó marcada por el terror, en un episodio que evidenció la complejidad y gravedad del fenómeno narco en Argentina.
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