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20 de abril de 2026
Salud
Argentina

Alarma en el Atlántico Norte: el Komsomolets aún libera radiactividad — qué riesgo supone para la cadena pesquera y la lección urgente para el Mar Argentino

🔬 El submarino Komsomolets sigue liberando radiactividad en el mar de Noruega. Especialistas advierten riesgos localizados para la fauna marina y destacan la importancia de monitoreo ambiental, con lecciones clave para el Mar Argentino.

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El submarino soviético K-278 Komsomolets, hundido en 1989 en el mar de Noruega, continúa liberando radiactividad más de treinta años después del accidente. Recientes mediciones realizadas por equipos noruegos han detectado pulsos intermitentes de cesio-137 y otros isótopos radiactivos en el agua que rodea el pecio, aunque los especialistas aclaran que estos aumentos son breves y se diluyen rápidamente en la columna de agua.

El Komsomolets, considerado un prodigio tecnológico de la Guerra Fría por su doble casco de titanio y capacidad de operar a más de 900 metros de profundidad, se hundió tras un incendio a bordo que dejó su reactor nuclear y armamento en el fondo marino. Desde entonces, la estructura ha resistido, pero la corrosión y fallas en los sellos han permitido filtraciones ocasionales de material radiactivo.

Expertos consultados por el Centro Atómico Bariloche subrayan que, si bien el riesgo no es masivo, existe una amenaza localizada para la fauna bentónica y las cadenas tróficas cercanas. "Lo clave es separar sensación de riesgo real: no es un Chernóbil submarino, pero sí un objeto que exige vigilancia constante", señaló un oceanógrafo argentino.

La situación ha motivado a Noruega y a socios europeos a planificar nuevas misiones robotizadas para sellar microfugas y tomar muestras in situ, con el objetivo de evitar que la corrosión transforme filtraciones menores en escapes persistentes. La experiencia del Komsomolets es observada de cerca por la comunidad científica argentina, que la considera un ejemplo para fortalecer el monitoreo ambiental y los protocolos de contingencia en el Mar Argentino.

El caso pone de relieve la importancia de la cooperación internacional, la transparencia de datos y la comunicación pública efectiva para enfrentar riesgos ambientales derivados de tecnologías militares. Para Argentina, con trayectoria nuclear civil y capacidades técnicas en Bariloche y Constituyentes, la lección es clara: la vigilancia y el cuidado marítimo son esenciales para proteger ecosistemas y sociedades dependientes de mares saludables.