La dolarización de hormiga que el BCRA no puede detener: un goteo de u$s2.000 millones que no da tregua
• Persistente compra de dólares en Argentina: u$s2.000 millones mensuales • 28,5% de hogares pobres en CABA no cubren la canasta básica • Contradicción: ahorro en dólares y aumento de la indigencia • Desconfianza y fragmentación económica bajo Milei


La economía argentina enfrenta una paradoja marcada por la persistente dolarización minorista y el aumento de la vulnerabilidad social. Según datos recientes, la demanda de dólares por parte de particulares se mantiene en torno a los u$s2.000 millones mensuales, alcanzando picos de hasta u$s4.500 millones durante períodos de alta incertidumbre política, como las elecciones legislativas de 2025. Este comportamiento, lejos de responder a una preferencia por operar en pesos, refleja una estrategia defensiva ante la desconfianza en la moneda local y la inestabilidad macroeconómica.
En paralelo, la situación social muestra signos de deterioro. En la Ciudad de Buenos Aires, el 28,5% de los hogares pobres no logra cubrir la canasta básica alimentaria, según organismos estadísticos porteños. Aunque algunos indicadores de pobreza presentan mejoras interanuales, la indigencia y la dificultad para acceder a alimentos básicos se han consolidado en amplios sectores de la población. Esta dualidad expone una fragmentación económica cada vez más profunda: mientras una parte de la sociedad canaliza sus excedentes hacia la compra de dólares, otra enfrenta crecientes dificultades para satisfacer necesidades esenciales.
El Gobierno, encabezado por Javier Milei, ha argumentado que la falta de una dolarización oficial se debe a la preferencia del público por operar en pesos. Sin embargo, los datos del Banco Central y el comportamiento del mercado minorista desmienten esta tesis. La dolarización constante, sumada a la permanencia de los dólares en el sistema financiero local, ha permitido al Banco Central maquillar su situación de reservas, que en realidad se mantienen en niveles netos negativos.
Analistas coinciden en que la economía argentina atraviesa una disociación funcional del dinero: el peso se utiliza para transacciones cotidianas, mientras que el dólar es resguardado como activo de valor. Esta dinámica, alimentada por la memoria de crisis recurrentes y la falta de confianza en la estabilidad macroeconómica, genera una presión constante sobre el sistema cambiario y plantea desafíos significativos para la administración actual.
La sostenibilidad del rumbo económico dependerá, en gran medida, de la capacidad del Gobierno para reconstruir la confianza social y revertir la fragmentación. Por ahora, la realidad muestra una economía bimonetaria, marcada por la incertidumbre y la persistente búsqueda de refugio en el dólar.
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