Las últimas horas de Isabelita
• A 50 años del golpe de 1976, Isabel Perón sigue siendo figura polémica y olvidada. • Su salud y ánimo se deterioraron en sus últimos días como presidenta. • El golpe marcó el inicio de la dictadura más sangrienta de Argentina.



A 50 años del golpe militar que derrocó a Isabel Perón, la figura de la ex presidenta argentina vuelve a ser objeto de análisis y debate. El 24 de marzo de 1976, tras una jornada marcada por la tensión y la incertidumbre, las Fuerzas Armadas encabezadas por Jorge Rafael Videla, Emilio Massera y Orlando Agosti ejecutaron el golpe de Estado que puso fin al gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón. La caída de Isabel, como era conocida, marcó el inicio de la dictadura más sangrienta de la historia argentina, con miles de desaparecidos y una represión sin precedentes.
Según testimonios recogidos por Perfil e Infobae, los últimos días de Isabel en el poder estuvieron signados por el deterioro de su salud y el creciente aislamiento político. Su entorno más cercano, incluidos médicos y colaboradores, relatan que la presidenta se encontraba exhausta y presionada para renunciar, aunque finalmente decidió mantenerse en el cargo hasta el desenlace forzado. La noche previa al golpe, las reuniones en la Casa Rosada y los contactos con las Fuerzas Armadas evidenciaban la inminencia de la intervención militar. El operativo para su detención fue cuidadosamente planificado para evitar enfrentamientos y se ejecutó en la madrugada del 24 de marzo.
Tras su derrocamiento, Isabel Perón fue detenida y trasladada a la provincia de Neuquén. Posteriormente, se exilió en España, donde reside desde 1981. Las crónicas de Clarin y La Nación describen una vida de reclusión y bajo perfil, marcada por la distancia con la política argentina y el progresivo aislamiento social. A sus 95 años, Isabel evita las apariciones públicas y mantiene escaso contacto incluso con allegados y exfuncionarios.
El legado de Isabel Perón sigue siendo motivo de controversia. Mientras algunos sectores reivindican su condición de primera presidenta mujer y sus políticas sociales, otros la critican por la debilidad de su gestión y la crisis que precedió al golpe. Como señala Eltucumano, su figura ha sido en gran medida eclipsada por la dictadura que la sucedió y por el silencio que rodea su paso por la historia argentina. A medio siglo del golpe, el debate sobre su rol y su memoria permanece abierto, en un país que aún busca saldar cuentas con su pasado reciente.
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