Su mamá lo dio en adopción a los dos años pero luego lo recuperó y empezó el infierno: “Se prostituía y me ofrecía a sus clientes”
• Historia de superación: Bernardo Moreira sobrevivió a abandono, abusos y violencia en su infancia en Lanús. • Tras años de sufrimiento, logró reconstruir su vida y hoy estudia cine en La Plata. • Su testimonio visibiliza la importancia del acompañamiento y la resiliencia.



Bernardo Gabriel Moreira nació en Lanús en 1989 y, desde sus primeras horas de vida, enfrentó el abandono materno. Su madre, trabajadora sexual y consumidora de drogas, lo dejó en el hospital poco después de nacer. Tras un breve período de estabilidad con su tía y luego con una familia adoptiva, su madre lo recuperó, desencadenando años de violencia física, abuso sexual y explotación infantil.
Durante su infancia, Bernardo fue sometido a condiciones extremas: falta de alimento, vivienda inestable y explotación tanto económica como sexual. "Mi mamá me usaba como un servicio, me ofrecía a sus clientes", relató. La intervención estatal llegó tras una emergencia médica, pero la protección fue insuficiente y temporal. A pesar de ser llevado a una casa de abrigo, regresó con su madre tras su recuperación, repitiéndose el ciclo de violencia.
La situación cambió cuando, tras una recaída de salud de su madre, Bernardo y su hermano fueron enviados a un hogar de niños. Allí, una pareja comenzó a visitarlo y, tras la muerte de su madre y la declaración de incapacidad de su abuela, pudo finalmente ser adoptado. "Quiero estar con Lilian y Daniel", expresó al ser consultado sobre su futuro.
La adaptación a su nueva familia fue compleja, marcada por años de trauma y supervivencia. Sin embargo, con el tiempo, Bernardo logró reconstruir su vida: estudió abogacía y luego cine, y hoy vive en La Plata, manteniendo un vínculo cercano con sus padres adoptivos. Su testimonio, que decidió hacer público tras el caso de Thelma Fardín, busca visibilizar las fallas del sistema de protección infantil y la importancia de la contención familiar.
Bernardo concluye con un mensaje de esperanza: "El pasado no se elige, pero el futuro sí se puede construir". Su historia resalta la necesidad de fortalecer los mecanismos de protección y acompañamiento a la infancia vulnerable en Argentina.
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