“Disney no me interesaba”: se enamoró de los caballos, se instaló en la Patagonia y tiene un emprendimiento exitoso
• Celina Cabezas dejó Buenos Aires para criar caballos Cuarto de Milla en la Patagonia 🐎 • Su proyecto prioriza la doma sin violencia y la genética • Busca convertir su estancia en un centro de formación ecuestre



Celina Cabezas, una mujer nacida en Buenos Aires y criada entre los campos de Cañuelas y Pehuajó, encontró en la Patagonia el escenario ideal para desarrollar su pasión por los caballos. Desde pequeña, su vínculo con estos animales fue profundo, influenciada por su padre, productor ganadero, quien le inculcó el respeto y el amor por los caballos. “Mis amigos eran los caballos”, recuerda Cabezas sobre su infancia, marcada por la vida rural y el aprendizaje constante junto a los animales.
Tras completar sus estudios en el colegio Northlands, Cabezas se formó en Equine Science en Estados Unidos y en técnicas de entrenamiento en Inglaterra. Su experiencia internacional le permitió especializarse y cuestionar los métodos tradicionales de doma, que consideraba demasiado violentos. “Sufrí bastante porque veía el trato que la gente le daba a los caballos”, relata. Su búsqueda de alternativas la llevó a capacitarse con Monty Roberts, referente mundial en doma sin violencia, y a incorporar estas técnicas en su propio programa de cría.
El verdadero punto de inflexión llegó cuando descubrió la Patagonia y decidió instalarse en la estancia Alinco, cerca de Junín de los Andes. Allí, enfrentando los desafíos de la estepa y los recursos forrajeros limitados, inició un proyecto de crianza de caballos Cuarto de Milla, una raza que conoció en la Exposición de Palermo y que luego estudió en profundidad en Estados Unidos. “Me enamoré de este lugar”, afirma sobre la región.
El programa de cría de Cabezas prioriza la mansedumbre y el vínculo humano-animal. “Mi programa de cría es que todas las yeguas que entren a la manada tienen que estar mansas”, explica. Actualmente, cuenta con unas 20 yeguas madres en la Patagonia y otras en Buenos Aires, incorporando genética estadounidense y seleccionando ejemplares por su temperamento y adaptabilidad.
Cabezas aspira a convertir la estancia en un centro de formación, ofreciendo cursos de doma sin violencia junto a entrenadores internacionales. “Quisiera hacer cursos de dos semanas en el verano patagónico”, comenta. A sus 63 años, sigue enfocada en mejorar la genética y la conformación de sus caballos, competir y expandir su proyecto. “Siempre se puede mejorar”, concluye, reafirmando su compromiso con el bienestar animal y el desarrollo rural en la Patagonia.
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